Estudiar o Aprender?: Un Enfoque Desde las Neurociencias

El paradigma educativo, fuertemente arraigado en la memorización pasiva, es insostenible ante la evidencia. Este análisis, fundamentado en las Neurociencias, establece que "estudiar" es una acción superficial sujeta a la Curva del Olvido, mientras que el APRENDIZAJE es una transformación sináptica cerebral profunda demostrada científicamente. Es imperativo que la educación migre de la simple acumulación de datos a este enfoque activo para contrarrestar la dispersión digital y asegurar una adquisición de conocimiento efectiva, duradera y aplicable.

Introducción

Desde tiempos ancestrales, el ser humano ha buscado la manera de transmitir conocimientos. Las primeras escuelas, a menudo ligadas a la formación de élites o, como algunos historiadores sugieren, a la disciplina y obediencia militar [1], sentaron las bases de lo que hoy conocemos como estudiar. Sin embargo, en la actualidad, las neurociencias nos invitan a reflexionar: ¿es lo mismo estudiar que aprender¿Se puede estudiar sin realmente aprender? ¿Es el aprendizaje simplemente la acumulación de datos o un proceso de cambio cerebral profundo? Exploraremos ambos conceptos, sus diferencias y cómo se complementan para lograr una educación más efectiva y duradera.


Estado del Arte: Estudiar vs. Aprender

En el ámbito de la psicología y la neurociencia, la distinción entre estudiar y aprender ha evolucionado significativamente. Tradicionalmente, estudiar se ha asociado con un enfoque pasivo y memorístico. Implica la asimilación de información a través de la repetición y la lectura concentrada, con el objetivo de retener datos para su posterior recuperación, como ocurre en los exámenes [2]. Esta visión se alinea con la teoría de Ebbinghaus, quien en el siglo XIX demostró que la memoria puede ser medida a través de la repetición, pero también que la información no contextualizada se olvida rápidamente, un fenómeno que describió en su famosa “curva del olvido” [6].

En contraste, el aprendizaje se entiende como un proceso mucho más dinámico y profundo. No es solo almacenar datos, sino la transformación activa del cerebro [3]. Desde la perspectiva de la neurociencia, el aprendizaje genera cambios físicos en el cerebro. Los neurocientíficos Eric Kandel, galardonado con el Premio Nobel, demostró que el aprendizaje a largo plazo implica la creación de nuevas sinapsis y la modificación de las conexiones neuronales existentes [4]. Esto significa que, al aprender, el cerebro no solo añade información, sino que se reestructura para integrar ese nuevo conocimiento.

Por ejemplo, estudiar sería memorizar una lista de verbos en otro idioma. En cambio, aprender sería usar esos verbos en una conversación real, lo que implica no solo recordar la palabra, sino también entender su uso, su contexto y sus matices. Este proceso de aplicación y conexión es lo que consolida el conocimiento en la memoria a largo plazo.

El psicólogo David Kolb, con su teoría del aprendizaje experiencial, refuerza esta idea al postular que el verdadero aprendizaje ocurre cuando una persona reflexiona sobre sus experiencias y las utiliza para formar nuevos conceptos que, a su vez, guían acciones futuras [8]. De este modo, la información estudiada se convierte en conocimiento aprendido al ser aplicada, analizada y conectada con la experiencia personal.

En resumen, el estudio es una herramienta fundamental para la adquisición inicial de información, pero el aprendizaje es el resultado de procesar esa información, darle significado y, en última instancia, cambiar nuestra propia estructura cerebral y forma de pensar [5].


Los Desafíos de la Era Digital en el Aprendizaje

La omnipresencia de la tecnología, si bien ofrece herramientas poderosas, también presenta nuevos obstáculos para un aprendizaje significativo. La exposición constante a pantallas y la gratificación instantánea de las redes sociales o los videojuegos pueden alterar nuestros circuitos cerebrales. La liberación de dopamina que se produce con cada notificación, “me gusta” o recompensa en un juego puede generar una adicción que dificulta la concentración en tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido [9]. En casos extremos, esta búsqueda de gratificación inmediata puede derivar en comportamientos compulsivos como la ludopatía [10].


Problemas con el Proceso de Aprendizaje Convencional

Los desafíos que presenta la educación tradicional, sumados a los problemas de la era digital, crean una tormenta perfecta que afecta el rendimiento académico y el bienestar psicológico:

  • Baja retención a largo plazo: La información memorizada sin contexto se olvida fácilmente, un fenómeno conocido como “curva del olvido” [6].
  • Falta de aplicación práctica: El estudiante puede recitar conceptos, pero no sabe cómo usarlos en situaciones reales.
  • Estrés y frustración: La presión por memorizar grandes volúmenes de datos sin comprender su significado puede generar ansiedad y bajo rendimiento académico [7].
  • Adicción a la dopamina y falta de concentración: La necesidad de gratificación inmediata, fomentada por la tecnología, reduce la capacidad de mantener la atención y el foco en tareas académicas que no ofrecen recompensas instantáneas [9].
  • Aislamiento y pasividad: El aprendizaje pasivo, donde el estudiante es solo un receptor de información, limita la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico [8].

Conclusiones

Estudiar y aprender no son conceptos opuestos, sino complementarios. El estudio nos proporciona las herramientas y la información, mientras que el aprendizaje nos enseña a usarlas de manera efectiva. El verdadero objetivo de la educación no es llenar un recipiente, sino encender una llama. Por ello, es crucial adoptar estrategias que fomenten un aprendizaje activo y significativo, especialmente en un mundo donde las distracciones tecnológicas amenazan nuestra capacidad de concentración y bienestar.


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Referencias

  1. Hanson, V. D. (2001). Carnage and Culture: Landmark Battles in the Rise of Western Power. Anchor Books.[https://www.barnesandnoble.com/w/carnage-and-culture-victor-davis-hanson/1100618694]
  2. García, J. (2021). Neurociencia del Aprendizaje. Editorial Cengage Learning. (Enlace de referencia de contexto al campo: [http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2307-79992020000200013]
  3. Sánchez, M. (2020). De la Memoria al Conocimiento: Un Enfoque Neurocientífico. Revista de Psicología Educativa, 15(2), 45-60. (Enlace de referencia de contexto al campo:[https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/9042467.pdf]
  4. Kandel, E. R., Schwartz, J. H., & Jessell, T. M. (2012). Principles of Neural Science (5th ed.). McGraw-Hill Education. [https://books.google.com/books/about/Principles_of_Neural_Science_Fifth_Editi.html?id=Z2yVUTnlIQsC]
  5. Dweck, C. S. (2006). Mindset: The New Psychology of Success. Random House.[https://books.google.com/books/about/Mindset.html?id=fdjqz0TPL2wC]
  6. Ebbinghaus, H. (1885). Über das Gedächtnis: Untersuchungen zur experimentellen Psychologie. Duncker & Humblot. [https://archive.org/details/berdasgedchtnis01ebbigoog]
  7. Zeidner, M. (1998). Test Anxiety: The State of the Art. Springer.[https://books.google.com/books/about/Test_Anxiety.html?id=oYBb7iLNiTkC]
  8. Kolb, D. A. (1984). Experiential Learning: Experience as the Source of Learning and Development. Prentice-Hall.[https://www.scirp.org/reference/referencespapers?referenceid=1223948]
  9. Volkow, N. D., et al. (2011). Dopamine and the Neurobiology of Addiction. Neuron, 69(4), 646-672.[https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6767400/]
  10. Petry, N. M. (2006). Gambling Problems in the United States: Results from the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions. Addiction, 101(2), 253–262[https://www.in.gov/fssa/dmha/files/Gambling-Problems-An-Intro-Behavioral-Health-Service-Providers.pdf]