Introducción
Las rabietas son una de las principales preocupaciones de los padres de niños pequeños. Aunque en muchos casos forman parte del desarrollo normal, su intensidad, frecuencia y la forma en que los adultos responden pueden marcar la diferencia entre un aprendizaje saludable de autorregulación y el riesgo de problemas emocionales o conductuales futuros.
¿Por qué ocurren las rabietas?
Desde la neurociencia y la psicología del desarrollo, las rabietas se explican por:
- Inmadurez cerebral: La corteza prefrontal, encargada de regular las emociones y controlar los impulsos, aún está en desarrollo en los primeros años de vida [1].
- Alta reactividad emocional: La amígdala y el sistema límbico reaccionan intensamente frente a la frustración, lo que aumenta la probabilidad de estallidos emocionales [2].
- Dificultades en la autorregulación: El niño aún no cuenta con estrategias para manejar la frustración, por lo que depende de los adultos para aprender a regularse [3].

Rabietas normales vs. señales de alerta
- Normales: Ocurren de forma ocasional, duran pocos minutos, no incluyen agresión grave, y se reducen con el tiempo.
- De alerta: Son muy frecuentes, intensas, incluyen conductas agresivas (golpear, morder), duran más de 15 minutos, o interfieren en la vida familiar y escolar.
Estudios longitudinales (Belden et al., 2008; Wakschlag et al., 2012) han demostrado que las rabietas persistentes y severas pueden predecir problemas futuros como TDAH, trastornos de ansiedad o dificultades en la conducta [4][6].
¿Qué pueden hacer los padres?
- Mantener la calma: evitar responder con gritos o castigos físicos, que intensifican la conducta.
- Nombrar la emoción: ayudar al niño a poner en palabras lo que siente (“veo que estás frustrado porque…”).
- Establecer límites claros: coherencia y consistencia reducen la frecuencia de las rabietas.
- Reforzar lo positivo: felicitar y premiar el buen comportamiento es más efectivo que castigar lo negativo.
- Buscar ayuda profesional cuando las rabietas son excesivas o afectan la dinámica familiar.
Tratamientos basados en evidencia
- Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) para niños: enseña estrategias de autorregulación y resolución de problemas, con alta efectividad demostrada en estudios clínicos [5].
- Entrenamiento a padres (Parent Management Training, PMT): capacita a los cuidadores en el manejo de contingencias y refuerzos, reduciendo significativamente las conductas disruptivas [7].
- Programas preventivos como Incredible Years han mostrado resultados positivos en varios ensayos controlados [8].
Conclusión
Las rabietas no son simplemente “malcriadez”: son una ventana al desarrollo emocional del niño. La ciencia demuestra que la intervención temprana, junto con la orientación adecuada a los padres, puede prevenir problemas más serios y favorecer un crecimiento sano y equilibrado.
Cómo podemos ayudarte en PsicoConecta
En PsicoConecta integramos estas estrategias desde un enfoque práctico y científico:
- Terapia cognitivo-conductual para niños.
- Consejería psicológica para padres.
- Terapia familiar para fortalecer la dinámica entre todos los miembros.
Referencias
- Casey, B.J., et al. (2015). The Adolescent Brain Cognitive Development Study. Annals of the NY Academy of Sciences, 1426, 85–111. [https://scholarblogs.emory.edu/lumenlab/files/2025/04/Casey-Cohen-Galvan-2025-Ann-NYAS-with-art.pdf]
- Tottenham, N., & Galván, A. (2016). Stress and the Adolescent Brain. Developmental Cognitive Neuroscience, 19, 27–37. [https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27473936/]
- Steinberg, L. (2010). A Dual Systems Model of Adolescent Risk-Taking. Developmental Psychobiology, 52(3), 216–224. [https://www.frontiersin.org/journals/human-neuroscience/articles/10.3389/fnhum.2013.00223/full]
- Belden, A.C., Thomson, N.R., & Luby, J.L. (2008). Temper Tantrums in Healthy versus Depressed and Disruptive Preschoolers. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 49(10), 1073–1080. [https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2211733/]
- Eyberg, S.M., Nelson, M.M., & Boggs, S.R. (2008). Evidence-Based Psychosocial Treatments for Children and Adolescents with Disruptive Behavior. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, 37(1), 215–237. [https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18444059/]
- Wakschlag, L.S., et al. (2012). Defining the Developmental Parameters of Temper Tantrums. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 51(6), 593–603. [https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3633202/]
- Kazdin, A.E. (2017). Parent Management Training: Treatment for Oppositional, Aggressive, and Antisocial Behavior in Children and Adolescents. Oxford University Press. [https://books.google.tl/books?id=FdQPdCo5OA8C]
- Webster-Stratton, C., & Reid, M.J. (2010). The Incredible Years Parents, Teachers, and Children Training Series. Guilford Press. [https://www.incredibleyears.com/wp-content/uploads/Kazdin-Ch-8-2016.pdf]



